¿Cómo aumentar la seguridad de nuestros hijos en el parque?


Los parques infantiles son uno de los lugares donde más tiempo pasan jugando nuestros hijos. De ahí la importancia de que estas zonas sean seguras. Aunque cada parque cuente con un sistema de mantenimiento, cualquier adulto puede comprobar el buen estado del mismo.

Desde Prosegur os animamos a verificar que el lugar donde llevamos a nuestros hijos a jugar cumple con los requisitos para evitar cualquier incidente.

En lo que a seguridad del parque se refiere, debemos prestar especial atención a las superficies, la estructura y disposición de los elementos de la zona de juego:

  • Superficies: han de ser lo suficientemente blandas y gruesas como para amortiguar una posible caída del niño. El hormigón, asfalto o pavimento deben dejar paso a la arena, gravilla, goma triturada, virutas de madera o recubrimientos de caucho. Es importante, que además nos aseguremos de que no haya objetos con los que el niño pueda tropezar (raíces, rocas…).
  • Estructura y disposición de las instalaciones. Se dividen en tres grupos diferentes según la edad: niños menores de 2 años, niños de 2 a 5 años (preescolar) y niños de 5 a 12 años (escolares). Toda área de juego deberá estar señalizada con un panel informativo donde se especifiquen los rangos de edad. Dadas estas distinciones, los niños pequeños no deben acceder a las instalaciones diseñadas para niños mayores y viceversa.
    • Columpios y balancines con partes móviles se ubicarán en un área distinta e independiente del resto de instalaciones del parque. Además, estas partes móviles no deben tener puntos donde el niño pueda pillarse las manos o los dedos.
    • No deben existir espacios entre escalones, barras o barandillas donde el niño pueda quedar atrapado.
    • Las redes de trepar deben disponer de aberturas adecuadas de forma que el niño no se cuele a través de ellas ni tampoco puedan quedar enganchados.
  • Mantenimiento e inspección. Debemos asegurarnos de que todo está limpio y en óptimo estado para su uso:
    • Las vallas que rodean el parque han de estar en buenas condiciones para evitar que el niño salga corriendo a zonas no protegidas.
    • El material con el que se recubra el suelo debe permanecer bien conservado y cubrir todas las zonas de juego.
    • Los elementos con los que se han fabricado las instalaciones del parque deben ser resistentes y ajenos a los desperfectos por efecto del clima. Por supuesto, todas las piezas han de ser estables y estar bien fijadas. En el caso de encontrarnos con piezas rotas, debemos avisar inmediatamente a los niños que no está permitido jugar en esa zona.
    • Si el parque dispone de un área acotada para jugar con arena, debemos comprobar que no hay objetos peligrosos, como palos afilados, latas o restos de cristales.

Una vez que hemos comprobado que el parque cumple todas las condiciones de seguridad para nuestros hijos, solo queda disfrutar con ellos.

 

Imagen Creative Commons: Andrew Huff

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